Un templo en curva

Sagrada Familia, Barcelona, España

Dios debe ser curvo y no rectilíneo ni triangular. O más bien habría que decir que las curvas pueden ser divinas. Curvas divinas y verticales, como las del templo de la Sagrada Familia. No hay espirales ni retorcimiento, hay una sinuosidad más de mujer que de serpiente. Como si ascendieran en busca de un Dios que no tiene prisa. Ya lo dijo Gaudí cuando le decían que iba lento: su cliente (Dios) no tenía prisa. La inquisición es un atajo apresurado, porque carece de esperanza.

He visitado muchos templos. Algunos de ellos están dibujados en mi biografía: por ejemplo, las iglesias de Úbeda. Otros, como la catedral de Santiago y Notre Dame de París, me sirvieron para darme sentirme hondamente parte de una larga historia. De los de Granada, ninguno me ha impresionado: acaso el del Monasterio de San Jerónimo. Quizás porque en Granada el románico y el gótico no llegaron a tiempo. La mezquita de Córdoba me turbó, porque me sentí un intruso con mala conciencia. En pequeñas iglesias de campo o pueblo me sentí en casa muchas veces. Me fascinan también los templos en ruinas, como el de Sobrado de los Monjes. No conozco templos hindús ni budistas. Pero ayer conocí el que me ha parecido más ambicioso. La más prodigiosa arquitectura espiritual: la Sagrada Familia de Gaudí.

Reflejos de colores cálidos (amarillo, rojo, naranja, verde) que puntean un bosque de palmeras de piedra que sujetan la bóveda, o quizás caen de él. Estatuas con gestos inequívocos y precisos (la alegría, la piedad, el sufrimiento, la pesadumbre). Algún ángulo como contrapunto, por acá y por allá. Detalles audaces, palabras. Piedra de edades diferentes. Todo parece en movimiento, especialmente si tú te quedas quieto. Un movimiento envolvente. Me dio la impresión de estar soñando el recuerdo distorsionado de una catedral, justo después de que tu madre te haya acabado de contar un cuento mientras te dormías.

Los abrazos son curvos, como la Sagrada Familia, un templo que te abraza.

1 Respuesta

  1. Y si contemplas esta maravilla vertical de colores y curvas con la luz y la impresionante música que acompaña la visita guiada, realmente sientes que estás en el cielo. Eso sí, muy temprano, cuando aún no ha llegado la marabunta de turistas…
    Igual que a la Alhambra, a la Sagrada Familia habría que ir al menos una vez al año a visitarla. Es un espectáculo místico que nos hace mejores por un tiempo. Por eso hay que repetir…

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