Una larga caminata hacia ti

Hay muchas novelas esperándote, y tienes poco tiempo para leer. Hay un largo trecho de muchas leguas entre una novela y tú, y lo más probable es que no llegue a alcanzarte.

La lectura es una larga caminata de un libro hacia ti. Un escritor en su casa desbrozando historias y eligiendo palabras durante años hasta dar con una versión satisfactoria; editoriales, maquetistas, portadistas, correctores, imprentas, distribuidores, libreros, servidores de internet; promoción, visibilidad, presentaciones, entrevistas, el azar de que oigas el título dos o tres veces y asome un atisbo de interés, y el doble azar de que un día lo tengas a la vista y a mano, recuerdes el título, te atraiga la portada, leas la sinopsis de la contraportada y te apetezca comprarlo. Aun así, todavía falta mucho camino, porque el libro, cuando llega de la librería o te lo traen por mensajería, se deja encima de una repisa al llegar casa, seguramente junto con otros, y antes de que le llegue el turno puede cruzarse otro, y otro, o puede que de pronto pierdas el hábito de la lectura y lo recuperes cuando el libro que compraste ya forme parte simplemente del desorden de tu casa.

No creas jamás al escritor que te dice que no le importa si lo leen muchos o pocos: miente. Miente, porque durante un tiempo, mientras escribía, estuvo dirigiéndose a todo el mundo. Escribió urbi et orbe. Quería contar, divertir, turbar, emocionar, interesar, llevarte de viaje.

Una flor quiere que llegue la abeja, un libro busca manos que lo abran. Yo querría que  Aunque todo se acabe llegase a ti.  Ya está dicho. En voz baja, para que se oiga.

Pero tengo que confesar otra cosa. En esa “larga caminata” desde la novela al lector no sólo importa a cuántos lectores se llegue. Hay caminatas artesanales, en las que se goza de buena compañía y te pasan cosas que en sí mismas son un premio. Alrededor de la novela aparece un círculo de personas que, por unas razones u otras, te acompañan, se hacen cómplices, se interesan, te dicen. O te organizan una presentación (casi todas ellas, cómo me ha gustado y cuánto lo he agradecido, con la canción “All things must pass” de fondo), como Eva en Barcelona, María del Mar en Sevilla, Celia en Marbella, Manuel en Úbeda, Ángel en Granada, Rosa en Málaga, Javier en Jaén, María en La Coruña. O te la presentan haciendo una “crónica de su lectura” que te llega a hacer pensar que ha merecido la pena todo el tiempo dedicado a ella: como Salva y Nicolás en Úbeda, Juan, Sixto y Eva en Granada, Eva y José en Barcelona, José Manuel y María del Mar en Sevilla, Manu y Celia en Marbella, Rosa y Domi en Málaga, Ángel y Alicia en La Coruña… He tomado notas de lo que han dicho de “Aunque todo se acabe”, y esas notas son un patrimonio personal. No es satisfacción lo que siento cuando las leo, sino pura alegría. La alegría de creer que has dado aquello que estabas en condiciones de dar. La de sentir que el libro llega a la otra orilla, la del lector, y es capaz de generar una conversación interesante. Porque eso es escribir y leer: conversar en voz baja. Bien lo entiende @GaliaLenoir, un personaje de la novela que franqueó todos los controles y saltó audazmente a Twitter para poder prolongar esa conversación alrededor de la historia de sus padres.

Y dejadme que me extienda en un tramo de esta caminata especialmente inolvidable: la presentación de “Aunque todo se acabe” en París. Un lujo de lujos.

La novela se ambienta en buena parte en el París de los años 70. Quise siempre volver literariamente, en forma de novela, a París, donde ocurrieron tantas y tan importantes escenas de la propia novela de mi vida, en el tiempo en que el trabajo universitario, a mis treinta y cuarenta años, me llevó a investigar en bibliotecas o a dar clases a alumnos de doctorado de la Facultad de Panteón-Sorbona. La novela, encuadernada con esa portada parisina de Juan Vida, tenía también que viajar a París, y así me lo propuse.

Me habría conformado con presentarla en una librería de barrio, pero la suerte me tocó, y la incluyeron en la programación del Instituto Cervantes de París. El director, Domingo García Cañedo, gracias a la petición que le hizo Luis García Montero, se lo tomó en serio y contactó con círculos de españoles en París. A través de mi amiga Raquel, nacida en París y testigo en su infancia de algunas cosas que ocurren en la novela, contacté también con José María Oliver, un histórico del asociacionismo de emigrantes españoles, quien leyó la novela y se prestó a intervenir. Acudieron muchas personas que vivieron aquella época. Se habló de la novela, pero sobre todo ellos hablaron de su experiencia: de la experiencia de quienes no se pudieron volver a España cuando cayó el régimen y han visto nacer y crecer allí a sus hijos y a sus nietos. No podía sentirme más feliz al ver que la novela servía para reunir a gentes con ganas de reivindicarse.

Por allí andaba Mavi Doñate, quien fuera corresponsal de RTVE en China, donde cubrió la información del origen de la pandemia en Wuhan: su voz la asociamos a aquellas primeras noticias de una epidemia que parecía cosa de chinos. La acababan de destinar como corresponsal en París, y me propuso hacer un pequeño reportaje sobre la novela en lugares escogidos de París en los que la trama se desarrolla. Cayó ese maná del cielo. La grabación duró una mañana de domingo, aunque el objetivo era un pequeño reportaje de entre uno y dos minutos. El que encabeza este artículo. Con cuatro pinceladas contextualiza muy bien la historia, la ambienta en el París de entonces, y le coloca su banda sonora, que es, cómo no, el álbum All things must pass de George Harrison, el que Martín, el personaje principal, regala y dedica a Gabrielle con la traducción “Quiero que todo me pase contigo”, algo de lo que el propio Harrison llegaría a enterarse algún tiempo después. Por supuesto que ese álbum tiene que ver con el título de la novela…

Una novela es un dispositivo cargado apto para contagiar. Como un virus, te busca para replicarse y seguir viva. No puede vivir en el aire, ni en la quietud encuadernada de un libro. Es un acto comunicativo y busca destinatarios. Es su razón de ser: conversar. Pero es muy difícil conseguirlo. Por mucho que se tense el arco y se apunte al objetivo, cada diana es un prodigio.  Gracias a todos los que me estáis ayudando. Gracias a todos los que estáis haciendo de “Aunque todo se acabe” algo vuestro.

1 Respuesta

  1. Gracias a Ud., Señoría; a ti, Miguel, por hacer que quede lo que el tiempo roba y hacerlo con tanta calidad, amor y honor.

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