La familia bien, gracias.

Vivo casado (por la Iglesia) con una mujer y tengo tres hijos procreados naturalmente. Me gusta mi familia, y el patrón cultural que sigue también me gusta: una convergencia de intereses con implicaciones legales derivada de una promesa (el matrimonio) por un lado, y de la filiación por otro. La ley me ha permitido no sólo vivirlo, sino también "tener los papeles", lo que me facilita bastante las cosas. No necesito más apoyos. No quiero que me premien por haber elegido ese patrón familiar, ni por ser heterosexual, ni por estar casado, ni por tener hijos, en la medida en que puedo sostenerlos. No quiero diferenciarme. Convivo con absoluta normalidad con amigos y conocidos que siguen otros patrones diferentes: parejas no casadas estables con hijos y sin hijos, madres solteras, matrimonios homosexuales, adoptantes únicos y en pareja con hijos biológicos y sin ellos, divorciados y separados. Me parece un bien en sí mismo cualquier compromiso familiar que esté apoyado en una decisión de calidad y en el afecto.

No tengo necesidad ni interés en que desde una administración me digan que mi modelo es el fetén y que van a fomentarlo. Es el mío, y me basta con que me permitan vivirlo a mi manera. No quiero ir en primera categoría en el tren de las familias. Ni encuentro una sola razón "presentable" para distinguir categorías mejores y peores en las diferentes maneras de vivir familiarmente según opciones absolutamente personales. Creo que la estrecha convivencia de grupos unidos por el afecto "familiar" es un lujo en sí mismo, y lo único que necesitamos unos y otros es que nos dejen en paz.

Si se ofrece un marco legal que facilite el ejercicio de los derechos para los casos de conflicto, para el tratamiento de necesidades especiales, para la adaptación de las relaciones patrimoniales propias de una larga e íntima convivencia, y de aligeramiento de las cargas económicas propias del cuidado de los hijos, ese marco debe ser exquisitamente neutro respecto de los diferentes modelos de familia. El artículo 39.2 de la Constitución así lo asegura absolutamente, por fortuna: ninguna discriminación entre unas madres y otras en función de su tipo de pareja o de su estado civil, ninguna discriminación entre unos hijos y otros en función de cómo se ha establecido la filiación.

No quiero que nadie trace líneas para separar y "echar de comer aparte" a unas familias consideradas ideológicamente "anómalas". Sociológicamente pueden hacerse todas las distinciones que se quiera, intelectualmente puede decirse lo que se quiera de unas relaciones familiares y otras, porque hay libertad de pensamiento y de expresión del pensamiento, pero no puede admitirse ninguna consecuencia legal negativa por el ejercicio de la libertad de decidir cómo y con quién quiere vivirse. No temo que el valor de mi opción familiar se "disuelva" por confundirse terminológicamente con otros, ni que por tanto las palabras "matrimonio" o "familia" se reserven para una clase frente a otra.

Estará bien que se apoye a quien tiene o adopta a hijos, que se adopten medidas de conciliación de la vida laboral y familiar, que se asegure un mínimo vital digno que permita emprender proyectos familiares. Pero no volvamos a "institucionalizar" rígidamente a la familia. Hace cuarenta años (que no son nada), el código civil definía lo que era la familia "legítima" y lo que no lo era. La legítima sólo se constituía por el matrimonio indisoluble entre un varón y una mujer con capacidad para procrear, se atribuía al varón, lo quisiera o no, la condición de jefe del grupo ("cabeza de familia") con atribución en exclusiva de la patria potestad sobre los hijos, de las decisiones sobre domicilio familiar, gestión de bienes, educación de los hijos, etc., y la mujer (que perdía su capacidad civil si contraía matrimonio, salvo para la compra doméstica) debía obedecer y seguir al marido por expreso mandato legal; las relaciones entre personas del mismo sexo se consideraban desviaciones no sólo morales, sino también legales, la infidelidad de la mujer un delito (la del esposo no), y los hijos nacidos fuera del matrimonio (los bastardos) quedaban discriminados respecto de los "legítimos". A partir de 1981 (con una avanzadilla de 1974) arrancó un largo proceso de desinstitucionalización, a favor de una "familia flexible", luego acelerado a primeros de este siglo. El matrimonio y la familia ya no son un "molde" en el que o te encajas (para siempre) o te quedas fuera: ahora sólo hay (legalmente) un matrimonio sin más exigencias que un consentimiento libre de dos personas de cualquier sexo (no están reconocidos los tríos ni la poligamia) y una formalidad a cumplir (el expediente matrimonial), y una patria potestad, que sí comporta cargas volcadas a favor de la protección de la infancia. Los poderes públicos deben proteger el "hecho familiar", pero no moldearlo; pueden fomentar la procreación, pero no distinguirla; pueden establecer registros, acciones judiciales específicas para el caso de conflicto, presunciones que facilitan pruebas, normas para el uso de la vivienda familiar, obligaciones de alimentos: dentro de eso, cada cual define su manera de vivir en familia de la manera más adaptada a sus preferencias.

Es sorprendente que frente a la laboriosamente ganada "flexibilidad" del marco legal sobre el hecho familiar, se añore una política de vuelta a la "familia tradicional", cuando eso que llamamos familia tradicional hoy es una posibilidad que todo el que quiera puede elegir sin absolutamente ninguna limitación legal.  ¿Qué es, entonces, lo que se quiere decir cuando se propone proteger la familia tradicional? ¿Será distinguir para discriminar? ¿Será poner dificultades a quienes opten por otros modelos familiares? ¿Por qué no dejarnos tranquilos en espacio de libertad que es el ámbito familiar?

La familia bien, gracias. Déjenla en nuestras manos.

10 Respuestas

  1. Buenísimo articulo y acertado, lo comparto al 100×100
    Como tú dices “La familia bien, gracias. Déjenla en nuestras manos.”

  2. Tremendamente sincero el artículo, Miguel.
    Me identifico con esos valores que defiendes, y con esa manera de ser “progresistas” de los que no iniciamos en la vida adulta en las postrimerías de la dictadura y el principio de la Tramsición.

    Quién nos iba a decir que, a estas alturas de nuestra vida, tendríamos que implicarnos en la defensa de los valores y libertades conseguidos y que no hace tanto dábamos por garantizados.

    Habrá que estar atentos en la defensa de esos valores y derechos que provienen de la tradición del humanismo (cristiano y social) en estos tiempos “contractivos” que vivimos. Es reconfortante ver que estás por la labor y en plena forma.

    Un saludo afectuoso.

    Carlos

  3. La buena hermenéutica parte siempre del contexto para fijar el significado del texto. Para el espistemólogo el significado de un texto pertenece siempre al campo de lo que los juristas llaman «derecho de autor».

    En la narrativa no existe el autor “desinteresado,” y aunque si hay lectores que así se definen con cierto interés; ¡no son creíbles!

    Muchas veces el contexto ofrece más significado que el texto cuando el texto se encaja en el contexto.

    Lo mismo sucede con la parte y el todo, o con los miembros de la familia; que, por separado, son simples individuos, pero articulados son «familia». Y hay tantas familias como modelos de articulación imaginables.

    Así, los forofos del derecho natural hablan del «nexo afectivo» (el amor), los del derecho positivo hablan de «nexo contractual» (la voluntad). Y ambos dos santifican «el nexo» como el «hecho» jurídico determinante, y a partir de ahí regulan todo tipo de secuencias causales y fijan criterios morales sobre lo que está bien o está mal y construyen códigos de castigo que sesudos jueces aplican, sin duda, de forma pulcra e imparcial.

    ¿En qué contexto se ubica tu texto?… ¿Ambiguo o concreto?… veamos:

    Buen currículum afectivo doctrinal con exposición de gran abanico de tipos de afectos «familiaristas».

    Buen repaso a la vitrina jurisdiccional de los esperpentos judiciales…

    Pero… ¿tanto pre–texto para llegar a cuatro preguntas de mundo mundial?

    1º.- ¿Qué es la familia? … Miguel

    2º.- Tu modelo de familia ¿es armónico entre iguales o disarmónico entre desiguales?

    3º.- Tus manos; ¿están llenas o vacías?

    Y 4º.- ¿Por qué no empoderar las manos de quien siempre ha cuidado del tipo católico de familia: la mujer?

    Las preguntas abiertas conducen siempre a respuestas volátiles;… ¡Mon Dieu!… ¡otra vez el bus a Tentudía! La vieja técnica cazabrujas de los interrogatorios del Santo Oficio… Responde que te cazo:

    1º.- ¿Quiere usted desproteger al pater familia?

    2º.- ¿Distingue usted o discrimina?

    3º.- ¿Defina usted otros modelos familiares?

    4º.- ¿Por qué no te callas?…. (modelo borbónico)

    Según los neorevolucionarios de San Francisco y San Telmo que días atrás definieron perfectamente las «ansias de paz y concordia» que les animan en el hospital de las 5/6 llagas de Sevilla parece ser que el verdadero «AMOR» que ilumina se define a partir del YO–ISMO, así; «Donde hay odio, que yo lleve el amor; donde hay ofensa, que yo lleve el perdón; donde discordia, que yo lleve la unión; donde hay duda, que yo lleve la fe; donde hay error, que yo lleve la verdad; donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza; donde hay tristeza, que yo lleve la alegría; donde están las tinieblas, que yo lleve la luz».

    Pero para los seguidores del militar mujeriego español, también santo él, herido en la batalla de Pamplona y líder de la contrareforma; San Ignacio de Loyola, el verdadero AMOR es el amor al fin que justifica los medios. Es decir el amor al pragmatismo de la sana crítica, la devoción a la secuencia causal de la divina providencia; La voluntad de Dios, el paradigma en el cielo del pater familia en la tierra.

    Consecuentemente la diferencia de las familias católicas –anti–ilustradas–, se centra en que mientras los fundamentalistas del neofranciscanismo de las 5/6 llagas optan por el YO–ISMO del pastor que ama a sus ovejas, los sanos neoloyolistas optan por el pragmatismo conservador de la pax desigual.

    La familia; MAL… ¡¡¡de cohones!!!

    Mulgrave Hircum

    • No malgaste espacio. Las sandeces que usted dice cabe en muchas menos lineas: aprenda, al menos, a escribir.

      • ¿Idiota?… ¿es correcto?… ¿He escrito bien Sr. Cacaseno?… ¿Se corresponde mejor con lo que usted mismo siente?

        Yo pongo el adjetivo y usted pone el sujeto y así ahorramos espacio…

        ¡¡¡Mulgere Hircum!!!… ¡Estaba equivocado… rectifico!!!

        • Ha captado usted su esencia ¡perfectamente! Yo no lo hubiera hecho mejor. Como se nota que se conoce bien a sí mismo.

          • Jajaja … amigo Cacaseno tienes un grave problema de lectura… deberías repetir la EGB… un saludo

  4. Estoy de acuerdo con Aramis en que, una vez agotada la sinepsia, el deuteronomio plantea dos opciones a la familia tradicional: a) beligerancia activa frente al algoritmo. b) viento de cola con seguro a todo riesgo. Entonces, ese sentido común,esa creencia en la infraestructura familiar, ese equilibrio estable entre Santa Rita, Ikea y Vox, hace que tu estabilidad familiar se constituya en un valor legalmente protegible, estandarizado, accesible al Registro de la Propiedad, vaticanista. Se puede tener cultura, olivos, sociedades instrumentales, cara, tinnitus, cataratas, pero si no sabes lo que es el amor en esta vida, no formes familia y dedícate a tu autoargumentario y a coleccionar etiquetas de productos sin grasa.. Lo dijo Malraux, que era un gauchista irredento: si no sabes lo que es el amor, ni se te ocurra andar bajo los puentes del Sena y guisa siempre con margarina. El amor es la base, la infraestructura, la premisa. Ni se te ocurra formar una familia ( heteroconceptual ) si no sabes que las mujeres son la mitad del cielo ( 50%), que Abril es primavera y que en esta vida hay que dejar en herencia , como mínimo, un hijo, y no sólo un Renault de gasoil y una cuenta en Unicaja.. Empodérate, inscríbete en una Academia de Sentimientos Básicos y, si finalmente concluyes que lo tuyo no es crear una familia, cede gratuitamente todo tu equipaje sentimental a los migrantes, http://www.derechaextrema.com, y no utllices patines por el carril bici.

    • Xacto Anónimo!

      coincido contigo en ese equilíbrio palpitante entre Santa Rita Ikea y Vox en horario comercial con tarjetas Black…

      Pero más que paloma arcangelica la metamorfosis del conglomerado amoroso ha tenido su puntito de efecto mariposa, alumbrando un martir alado que salió pupa de Granada y aterrizó Batman trovador en Sevilla para cantar su amor a los pajaritos, dar pasaporte a los migrantes y tinnitus heteromusicales a los feligreses que no practican el simca mil….

      El imago Batmanino, no sólo promete capturar al Jocker y reconquistar Granada, sino que además anuncia reformas familiares de las Tablas de Moises, pues en su órbita interestelar ha platicado con el Supremo, trae bula Papal y contrato de alquiler firmado por los mismísimos Reyes Católicos…

      Houston; la cosa tie guasa !!!

  5. Creo, en parte, que hemos avanzado bastante en este tema y que lo tradicional ya no se entiende como tal. En mi etapa de colegio, ya estaban mis padres separados, recién publicada la ley de 1981, pero en mi colegio, era la única niña que estaba en esa situación. Así que las monjas decidieron tratarme como hija de madre soltera. ¡ Qué vergüenza! le dije a la directora, yo tengo padre y lo conozco muy bien.
    En cambio, en estos tiempos lo raro es ver padres que continúen casados, ahora es normal que estén separados o divorciados, muchos de ellos viven con sus segundas o terceras parejas e hijos. Ahora eso es normal, y no es malo, pues pienso que es el corazón el que te dice quién de verdad es tu verdadera familia, y no tiene por qué ser de sangre, simplemente TU FAMILIA.

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