El “pin parental”, o el derecho a faltar a clase.

La carta de presentación del "pin parental" suele traer consigo la referencia a un taller sobre masturbación infantil, o una charla sobre las ventajas del sexo anal. También, en ocasiones, a charlas sobre la homosexualidad, la transexualidad, o la ideología de género. Pero la discusión sobre el "pin" (al que yo prefiero llamar "veto parental") no puede confundirse con la aceptación o rechazo de que esas concretas materias se traten en los colegios. Si se acepta el pin, según sus propios fundamentos, servirá para cualquier otro asunto o materia que unos padres consideren inapropiados o intolerables, y que tengan cierto componente moral, teniendo en cuenta que delimitar el  ámbito de lo que pertenece a  "la moral" es tan elástico como un chicle.

Si el fundamento del veto parental es el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa de los hijos, ¿por qué no podrían, entonces, vetar una lección, un profesor, o una asignatura entera? ¿Qué diferencia hay, desde el punto de vista de ese derecho de los padres, entre una lección sobre una materia que afecte a la ideología más profunda de los padres, o a su concepción moral, y una actividad complementaria obligatoria, programada por el centro educativo?

Quienes vean con buenos ojos lo del pin porque no quieren que sus hijos salgan comunistas del colegio, han de tener claro que ese pin podrán también utilizarlos los padres de una corriente musulmana para evitar que sus hijos vayan a una mesa redonda (obligatoria) en la que se quiera reflexionar sobre casos y realidades sociológicas de discriminación de la mujer que subsistan en la localidad del colegio, en la que acaso se hable de alguna costumbre propia de la cultura de esos padres. Han de saber que serviría para una charla sobre el acoso escolar, que la comunidad educativa quiere tratar con los alumnos. O sobre el suicidio adolescente. O sobre las drogas. O sobre el veganismo. O sobre las antiguas películas del Oeste. O sobre García Lorca y su relación con el Mediterráneo. O sobre las Cruzadas. O sobre los impuestos. O sobre el uso de los móviles y las redes sociales. O sobre las técnicas de publicidad comercial engañosa. O sobre la pederastia. O sobre las procesiones de Semana Santa. O sobre el arte religioso en esa localidad. Han de saber que muy pronto se reclamaría el pin para el uniforme decidido por el colegio. O sobre la prohibición del velo de las menores en el colegio. Sobre cualquiera de los asuntos indicados podemos imaginar perfectamente a padres de una ideología o de otra que pueden tener reparos sobre qué van a oír sus hijos en esas charlas o mesas redondas. Pueden, además, sin duda, argumentar y justificar que lo que oigan puede contrastar con la formación moral que están empeñados en ofrecerles en su casa (supongamos, claro está, que son padres realmente preocupados por la formación de sus hijos).

La pregunta, entonces, es muy clara. La pregunta no es si se encarcela a esos padres o no, o si se manda a la policía a conducir manu militari a esos alumnos para que asistan a la actividad. La pregunta es si la dirección del colegio puede decidir que la ausencia de esos niños a esa actividad escolar obligatoria es una falta, y que cuente como tal.

Pues claro que sí puede, y debe. La decisión sobre cuáles han de ser los contenidos educativos corresponde, en distintos niveles, a los órganos competentes para ello: habrá una ley, habrá decretos, y habrá un margen de decisión para el equipo docente de cada colegio. Y procurarán acertar. Y es posible que no acierten. Y pueden criticarse sus elecciones. Y pueden intentar cambiarse. Pero si la actividad se configura como obligatoria, y un alumno no asiste por decisión de sus padres, ese alumno tiene una "falta", es decir, una "carencia". Seguramente no van a repetir curso por eso. Pero les ha de contar la falta, porque el colegio ha decidido que los alumnos deben oír esa charla, igual que deben oír tantas cosas, que no siempre estarán bien explicadas, ni serán neutras.

El pin se presenta como una protesta contra la "dictadura progre", pero en el fondo no es más que un desenfoque. Un colegio público es un espacio público, que ha de estar presidida por la lógica de lo público.  Así viene siendo en España, como en los países de nuestro entorno. Los padres tienen derecho a formar a sus hijos, pero la Administración educativa tiene la obligación de diseñar los contenidos educativos, y los menores de edad tienen derecho a no ser señalados con el velo de la ideología de sus padres. De cualquiera de ellas: las que nos gusten, y las que no nos gusten.

Hay otras batallas ideológicas mucho más interesantes sobre la enseñanza pública, que pueden perfectamente librarse. Es absolutamente legítimo sostener que determinadas materias no deben abordarse en un colegio. Es una buena preocupación la de evitar el adoctrinamiento de los menores en los colegios públicos. Puede intensificarse la discusión sobre la efectividad del derecho a elegir el centro escolar en función de criterios no sólo residenciales, sino también de orientación o ideario: de hecho, puesto que la "neutralidad" educativa es un imposible, mucho mejor es asegurar un "pluralismo" de centros educativos con facultad de elección, dentro de unos límites razonables. Se puede discutir sobre todo eso en los distintos niveles (el legislativo, el reglamentario, el de los órganos de participación en los colegios). Y si al final se pierde y se da una charla que tan intolerable resulta para unos padres, puede criticarse, igual que puede criticarse a un profesor que adoctrina; puede, también, claro que sí, decidirse que ese día o a esa hora los niños no van al colegio. Pero el alumno tendrá una falta. Tampoco es tan grave. Lo que no tiene sentido es conceder un "derecho de veto" a los padres sobre los contenidos educativos decididos por quienes tienen competencia para ello. Imagínense las risas que este debate produciría si se plantea en la escuela de Francia.

9 Respuestas

  1. Ora pro nobis. Gratias agámus Domino Deo nostro. Vere dignum et iustum est.

    Oremus:

    Ninguna confusión es buena, ni en el verbo, ni en la materia; llámese «pin» al «veto» como «sexo … trasero» al que no es delantero.

    La claridad empieza por la diferenciación y no por la bifurcación de lo ambiguo en ambigüedades aparentemente diferentes tan elásticas como el chicle. Pues si hay algo poco «elástico» es «la moral». Mucho menos el habitual uso de la misma como martillo de clase investida de «POMPOSO MORALISMO» que se aplica a los desdichados de este mundo. Es decir, a los impuros padres de la plebe que educan a sus hijos en los colegios de la fornicación arbitraria.

    Lejos de constituir una voluntad de «veto» el significado del «pin parental» es toda una distinción puritana de pureza que nada tiene que ver con las elasticidades (mucho menos con las libertades), sino todo lo contrario. Es todo un estigma de discriminación, y su éxito consiste en usar como arma el argumento de la libertad individual contra el bien común de lo colectivo, calificado ya de «maldad comunista».

    Lo que resulta novedoso, y curiosamente divertido en España, es el constante recurso de VOX a la pureza puritanista de reminiscencia histórica victoriana. Resulta patético ver a los Españoles de la Reconquista de Granada, con Abascal a Caballo y Serrano en el burro convencer a los doctores de Aravaca-Harvard sobre un «pin» contra la fornicación arbitraria y heterodoxa. La estupidez de la derecha es supina, y ni la Iglesia puede abrir la boca en estos asuntos donde la pedofilia tiene su capítulo.

    Nadie en España, en su sano juicio (oremus), mucho menos las derechas libérrimas de moral líquida, podría existir, tampoco respirar, sin el lado oscuro de la Luna, paraíso de orgías y placeres heterodoxos de amplio espectro. Placeres que empiezan por la infidelidad fiscal y se expanden por el soberanismo del poder de quien pueda, que es el verdadero sentido del «pin patriarcal», el pin del viejo Orden Celeste. El viejo pin del Opus Dei.

    Se nota, pues, el tutelaje áulico de Steve Bannon tratando de manipular a los latinos (Italianos y Españoles) con las rigideces de los mormones y evangelistas que llevaron a Bolsonaro al poder en Brasil.

    Los franceses no conocen de Iglesias y nadaron siempre en las aguas de la contrarreforma y su modelo es siempre Napoleón, con el art. 544 de su código, en la cabeza. Le Pen, no se rie; se descojona!!!

    Oremus

    ¡Mulgere Hircum!

  2. Queridos coetáneos, yo alucino, francamente. Ahora resulta que la modernidad, la progresión social, consiste en la algarabía simultánea de múltiples opinativismos concurrentes, que serán tildados de válidos si están emitidos por órganos administrativamente competentes, por opinativistas reglados, por medios de
    opinión sacralizados, por sincronizadores de derecha extrema. Si yo oigo que a mi hijo o a mi nieto lo van a incrustar en un curso sobre “masturbación infantil”o en una charla sobre “las ventajas del sexo anal”, y que si no acude le pondrán una falta, me voy al Juzgado de Guardia y pongo una querella por violación del derecho humano al sosiego conceptual y a la tranquilidad argumentaria . ¡ Pero qué barbaridad, queridos conceptualistas ¡

    No hace falta ser un conspícuo historiador para comprobar que la Humanidad actual, y desde hace siglos, se basa sustancialmente en la pareja heterosexual que procrea hijos, funda una familia, procura la creación de riqueza familiar ( y subsiguientemente social) y consagra finalmente la herencia, con fracciones legítimas ineludibles, mejoras y tercios de libre disposición. El homosexualismo, en sus variadas versiones, es una anécdota histórica infranumérica, afortunadamente ( para la Humanidad subsistente). Y la masturbación es una querencia que todo joven púber descubre y maneja en su intimidad sin necesidad de adoctrinamiento. La burocratización, la preordenación leguleya de asuntos tan íntimos, incluso con amenaza de “falta” y sin otorgar libertad de criterio a los padres, me parece una gili-pollez astral de los reglamentistas.

    En vista de la manipulación que se está provocando sobre a quién pertenece la PROPIEDAD DE LOS HIJOS, propongo la discusión parlamentaria de la regulación legal de la COPROPIEDAD DE LOS HIJOS , con las siguientes cuotas de condominio:

    A los padres: el 25%.
    -A los abuelos: el 20% .
    – Al propio hijo: el 5%
    – Al Colegio de proximidad al domicilio: el 5%
    – Al Estado (autonómico confederal asimétrico) : el 5%.
    -A la Conferencia Episcopal: el 10%
    – A la Confederación de Homosexuales Proteicos, Asociación LGTBQIHJKÑ, Sindicato Viudas Unisex: el 10%.
    -A la prensa moralmente registrada de Izquierda: el 10%
    -A la prensa homologada de derecha extrema: el 10%.
    – A Aramis: el 0%.

    Reglas de administración del condominio: Código Civil napoleónico.

    ¡ Yo es que alucino, protervos mios. ¡

  3. Estimado pecador Anónimo, infiel perpetuo a, cuanto menos, el Noveno Mandamiento; tanto en su versión antigua (no desearás la mujer de tu prójimo), como en su versión maquillada (no consentirás pensamientos ni deseos impuros)

    Con el sexto mandamiento ocurre lo mismo que con lo del «a sabiendas» de la prevaricación judicial, que sólo Dios y D. Miguel lo pueden certificar ab libitum, por eso yo no digo nada.

    En cuanto al noveno a tus textos folkloricos me remito (si; con k…y con todos mis respetos a D. Santiago Muñoz Machado, presidente de la lengua no inclusiva).

    Tres cosas me divierten de tu comentario. La primera es tu esmerada retórica vedette de teatro chino español (Manolita Chen) con todo tipo de variedades y confetis realmente entretenidos… aunque rocen con frecuencia el travestismo conceptual y político pecando por el sexto mandamiento. Sin duda el contorsionismo mental que exhibe tiene su mérito.

    La segunda es la estulticia de clase bien significada en la jerga de feria y chiringuito que tanto caracteriza al caciquismo patriarcal del alto agro cordobés donde todo atisbo de ilustración es castigado con el tuerto de Millán Astray. Digo tuerto porque objetivamente sabemos, al menos, que con un ojo no veía. No lo digo yo; lo certifican acreditados peritos oftalmólogos.

    Lo que viese con el otro no se sabe si era a sabiendas, o por convicción testicular… D. Miguel dirá.

    Como yo desconozco el estado de los orbitales de Anónimo aconsejo aquí la ilustración que aporta un especialista en la materia del pin patriarcal;

    https://theconversation.com/el-pin-parental-un-ataque-autoritario-contra-los-valores-democraticos-130277

    La tercera cuestión que me divierte está relacionada con la segunda en dos vertientes. De un lado Anónimo me excluye taxativamente del derecho de copropiedad de los hijos comunalmente subastados en formato «S.A.».

    No considero que sea injusta la exclusión de Aramis, sino todo lo contrario.

    Sin embargo, me sorprende las asignaciones del accionariado familiar, otorgando el 50% para la jerarquía patriarcal y prorrateando el otro 50% entre los comunistas del bien común donde agrupa indiscriminadamente a todo tipo de enseres.

    Anónimo conforma aquí la Asamblea General de la S. A, pero no nombra el Consejo de Administración de esta curiosa patochada societaria.

    De otro lado me fascina el concepto del CERO POR CIENTO (0 %) otorgado a Aramis.

    Este misterio se asemeja al misterio algebraico de la Santísima Trinidad que siendo tres sólo era uno y además volátil…

    ¿Cómo puede el cero ser un porcentaje de nada?…

    ¿Acaso el 0 de 100 no es lo mismo que el 100 de 0?….

    Miedo me da Anónimo ¿Cómo podemos estar seguros que Aramis no es el presidente del Consejo de Administración de esta sociedad patriarco-comunista?…

    La ignorancia es la más peligrosa de las sapiencias a sabiendas…

    ¡Mulgere Hircum!

    • ¡Qué bien os lo pasais, Anónimo y Aramis!

      • Pan y circo D. Miguel que para entretener a los Soberanos del Olimpo Judicial es más que suficiente… Las lámparas las pone, y las cobra, Endesa y la realidad es siempre jurisdiccional y justiciable…según encaje en el guante de la conveniencia…

        Total; pa lo que hay que ver…tampoco se necesitan más luces…

        Es la Ciencia del Derecho hispano. ¡No hay más!

        Saludos a la Vitrina

        ¡Mulgere hircum!

  4. Jajaja Aramis. Veo “Aramis” y me digo : ¡ anda, aquí está Aramis, a ver si dice algo comprensible ¡ , pero nada, Aramis insiste en su inanidad y en su permanente enfado. Me dicen en Travel Club que eres un buen agente, pero te insisto en que llevo muchos años con Endesa y, a pesar de que es una suministradora eléctrica muy cara, la oferta de la comercializadora Repsol que me dices no me convence. Espero que triunfes en este nuevo empleo, sabes que lo deseo de verdad, y ya sólo te ruego que no uses los datos de mi correo electrónico ni mi número de móvil.

    ¡ Un saludo Manolito Chen ¡

  5. Pues si, ya podían abrir un blog propio.
    Saludos, Miguel.

  6. Marian, no sé si lo suyo es una invitación a que no entremos más en este Cuaderno. Por mi parte, le digo que procuro simplemente exponer opiniones con sentido del humor y sin provocar discusiones con nadie. Como es lógico, no respondo por la opinión o los juicios de valor que otros contertulios me infieran, incluida usted. Salvo que Miguel me diga que me marche, no me voy de este Cuaderno, ,porque aprecio mucho sus reflexiones jurídicas, y a veces las políticas. Si me expulsa, entraré con el apodo secreto de “Mariano Mayo”.
    La utilización del pinchito moruno para criticar al pueblo saharui o para expulsar de la sinagoga a dos paleosermonienses, me parece colaborar con el cataclismo.
    Un saludo.

  7. Jajaja Estimado Ano-ni-mus… Tu te preguntas y tu te respondes… No hay mayor placer intelectual que el auto platonismo manual… Bravo!!! (ojo!… estamos en horario infantil)

    Pero nada dices del sexto mandamiento ya que Endesa te corta la luz cuando derrapas con el pin parental o faltas a clase… Buen cliente!!!

    Manolita Chen solo encendia las luces para que los perversos encontraran el correcto camino de vuelta a su pin parental y pudiese llevar decentemente a los niños al colegio…

    ¿Tus datos?… ¿Qué datos?… .¿ También generas datos y tienes mail y teléfono?… No sabia que la caverna usara de tales instrumentos posmodernos… Estoy admirado de tu progreso.

    Felicidades: el futuro es tuyo!!!

    Mulgere hircum…

Deja tu comentario

Los comentarios dan vida al texto y lo pone en movimiento.