Entrevista en “Periferias”

3 Respuestas

  1. Mas largo que un día sin pan, este divertido suflé sacramental para seminaristas penitentes se ha confeccionado con mucho bicarbonato y más incienso que constricción, útil o inútil.

    No hablemos de filosofía, ni de prestigios sistémicos que para ello la universidad se pinta sola. Centrémonos en las perlas del bizcocho:

    A.- LA CONTRADICCIÓN

    (+A).- «ROZA LA PERFECCIÓN»
    «Voy a decirte algo de lo que estoy convencido: el modelo (hablo del modelo cultural y constitucional de Justicia), en sí mismo, roza la perfección…»

    (-A).- «EL SISTEMA NO ES PERFECTO»
    «El problema es que el sistema no es perfecto, y su propio modo de ser genera exclusión y desigualdad, porque tiene “zonas ciegas” incapaces de detectar los factores de exclusión social, y eso produce víctimas.»

    B.- LA DEFINICIÓN

    «Como he dicho, el juez “es sistema”. Forma parte de él. Así debe ser: los jueces no son francotiradores que deben ganar batallas, sino garantes del sistema (de derechos). »

    1º.- «los jueces no son francotiradores…» ERGO: los francotiradores como garantes del sistema deben ser jueces.

    2º.- Lo interesante de la frase no es su composición gramatical sino la propia asociación de ideas que encierra en la dicotomía «jueces» – «francotiradores». Categorías ambas dos que sólo pueden existir en su ligazón íntima con el sistema al que sirven. No existe un juez sin Estado que lo respalde, como tampoco existe un francotirador sin bandera.

    3º.- Consecuentemente la frase responde a la omnipresente hipocresía sistémica de decir una cosa y hacer otra. Hipocresía que se rebela tanto en la negación del verbo por el adverbio, como por el paréntesis aclaratorio subsiguiente (de derechos) que desnivela lo concreto de la batalla con lo ambiguo de los derechos.

    C.- LA ILUSIÓN DE LOS PLANOS BASCULANTES

    «El sistema tiene “planos inclinados”, cuesta arriba para unos, y cuesta arriba para otros, y nos hacemos la ilusión de que el plano es rigurosamente horizontal. Es una ilusión, es creer que porque la ley no discrimina, no hay desigualdad.»

    1º.- Las divertidas oraciones negativas son las perlas del bizcocho ya que es tan manifiesto que la ley discrimina, como que la desigualdad es la esencia del sistema.

    D.- EL SACRAMENTO, EL EXÁMEN DE CONCIENCIA Y LA CONSTRICCIÓN

    «Y por eso a veces el juez no tiene más remedio que dictar una sentencia que él mismo califica de “injusta”: esto es así cuando no encuentras una razón jurídica que te permita decidir de otro modo, y ocurre con alguna frecuencia. Y es duro.»

    ¿Perdona Dios estos pecados?

    ¡Mulgere Hircum!
    30/6/20 9:35

  2. EL SINDROME DEL FALSO CIEGO Y EL DESCONSUELO OPE LEGIS

    Cuentan doctos letrados tanto como ceporros iletrados que por los palacios de la corte deambulan los falsos ciegos que dicen ver lo que no se ve y dicen también no ver las realidades que todos ven.

    Se trata de la impostura óptica que soporta y da esplendor a la pandemia de hipocresía sistémica que arrasa el mundo económico y judicial en la sociedad neoliberal desde mediados del siglo XX.

    Los ius positivistas germanófilos de la parroquia formalista de Kelsen son uno de los grupos corporativos más afectados por este síndrome del falso ciego ya que su nervio óptico se encuentra muy dañado ab initio con el velo kelseniano sobre el castillo formal del Estado que no solo destierra toda realidad no acreditada al campo de los bárbaros, sino que además entierra justicia y moral bajo toneladas de rocas y cal viva.

    La entrevista adquiere su máximo valor en la «explicatio non petita» cuando en su candidez narcisocristiana levanta una esquina del velo kelseniano bajo el argumento de un examen de conciencia que supera en desconsuelo la pena del justiciable que ha ajusticiado «ope legis»… ¡MANDA HUEVOS!

    ¡¡¡ Qué gran pena tiene el verdugo que decapitó a Luis XVI, ya sin pena y sin cabeza!!!

    Sin embargo, esta relevante confesión pública, en Periferias, de «no tener más remedio» de ser injusto «a sabiendas» no solo es una refutación de la ideología ius positivista, sino que además revela la gran falla abisal que existe entre el ius positivismo germánico Kelsen–Schmitt (dos caras de una misma moneda) y el cristianismo romano.

    Lo realmente interesante, desde mi punto de vista, es el anclaje anacrónico y contracultural de la doctrina jurídica alemana en Granada y en los extensos circuitos cristianos del Opus Dei en España (la lógica de los amigos).

    Un fenómeno que sin Franco sería históricamente incomprensible, y que con la Transición del 78 deviene de indudable interés científico.

    ¡E pur si muove!
    1/7/20 12:59

  3. CARTA ABIERTA A UNA CABEZA DE MAMUT AMIGA DESDE «SU» CARPETA DE HOJARASCA:

    Estimado Mamut:

    Es evidente que el anteproyecto de Ley relativo a la incapacitación aprobado el pasado 7 de julio puede que sea «un pasito palante», aunque para los relativistas eso de la dirección es muy relativo puesto que si viajamos en el vagón de cola lo relevante es saber si salimos de él, o simplemente avanzamos de la fila 20 a la 19, o, si por el contrario retrocedemos de la 20 a la 25.

    Las discapacidades intelectuales y cognitivas son tan diversas y graduadas que lo que es bueno para unos puede ser perjudicial y discriminatorio para otros. Aquí «dignidad» e «igualdad» son conceptos vacíos que los carga el diablo.

    El ejemplo lo tenemos en el planteamiento del propio artículo que partiendo de la extraña idea de que el núcleo del concepto de dignidad humana se encuentra perfectamente definido en el ordenamiento jurídico afronta el anteproyecto de Ley como un problema de demarcación de linderos consistente nada más y nada menos que en «el tratamiento legal de la diversidad por razones patológicas».

    ¡Claro que se trata de «cómo concebimos la dignidad humana»! Sin embargo, la premisa de la dignidad humana señala sobre un concepto claramente ausente y despreciado por el ius positivismo tripolar modelo Schmitt–Kelsen–Ferrajoli que se centra sobre la dignidad de los amigos contra la indignidad de la hojarasca. El ejemplo de la sobrecogedora influencia de Carmen no puede ser más paradigmático.

    Pero ni tan siquiera en el campo de los amigos el supuesto de la «dignidad» abarca una dignidad compasiva integradora de la «diversidad» humana desde el punto de vista legal, médico, o biológico, ya que esa concepción «buenista», de buen samaritano, sale ya sesgada y miope de la muy abultada carpeta trilera de la predistidigitación formalista.

    Incluso visto desde el tren de la bruja de la palabrería vacía que tanto circula por la España de hoy, el artículo es incongruente ya que concebir la discapacidad desde el paradigma de la patología derivando por la vertiente de un ambiguo falso referente ortegiano de «resultado de una relación entre la persona y su entorno», el razonamiento se encuentra enmarcado siempre dentro de las «patologías» tutelantes de la «discapacidad intelectual, cognitiva o volitiva».

    La focalización sobre el entorno «no discapacitado» (aparentemente), no entraña, pues, reforma alguna del paradigma patológico en el que el análisis envuelve, en todo momento, la discapacidad.

    Así pues, lo que el artículo defiende es la ampliación de la circunstancia patológica al entorno del discapacitado como causa de dignidad mediante la adaptabilidad del entorno tutelante. «Adaptabilidad» lógicamente ajustada a la desigualdad pecuniaria de los «entornos».

    De esta forma se evita el problema mayor de cuestionar un ordenamiento sin justicia; carente de un derecho fundamental que proteja la dignidad humana con solvencia y eficacia.

    ¿Tutelar la dignidad humana?… ¿Qué broma ius positivista es esa?

    Desde mi punto de vista, la razón de Carmen va más allá del derecho de participación e integración social de su hijo y carga contra un ordenamiento jurídico donde la dignidad no se concibe como valor humano, sino como atributo monetario del sujeto económico.

    Cuando se piensa daleado, se escribe inclinado y se razona torcido.

    Sin dinero no hay jurisdicción y sin justicia no hay dignidad porque ningún ordenamiento podrá nunca generar armonía; mucho menos en el reino de la desigualdad donde solo aquello que es cuantificable en un precio es valioso. Sin la prevalencia del bien común no hay dignidad común.

    ¿Acaso la dignidad del hijo de Carmen es diferente de la dignidad de aquellos que conforman las colas del hambre, o la de los «sin hogar» que deambulan por las calles con toneladas de sacrosanta «libertad» arrastrando en su soledad más absoluta sus demencias y discapacidades cognitivas?

    ¿Acaso hay dignidades humanas más prioritarias que otras?…

    ¿Cuántos hijos de Carmen vemos con deficiencias alimentarias, o desahuciados por la banca, echados judicialmente a la calle sin dignidad, ni piedad alguna?…

    En la ortodoxia ius positivista, la «pela», es «la pela suprema», mientras que los principios son los de Groucho Marx. Ni los pobres ni los discapacitados crean valor, pero, eso sí, siempre tienen el art. 24 CE para tutelas y tutías (Camilo José Cela)

    Está clarísimo (negro sobre blanco) que para la cabecita de mamut Carmen es amiga y los otros son hojarasca… ¡indigna y desigual! (Carl Schmitt)

    La dificultad del Mamut no radica en apreciar las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas que se ramifican frondosamente por el brumario de sus vetustas carpetas. (J. M Keynes, 1930 y Aramis 2010)

    ¡¡¡ E pur si muove !!!

    ¡Censuras a la mar!… ¡Jajaja!
    11/7/20 00:00

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