Sobre república y una cena en casa de Garrigues Walker en 1966.

Recuerdo una conversación de sobremesa, bajo un árbol de la Cité Universitaire de París, en junio de 1989, con dos buenos amigos: Manolo Rebollo y María Muñiz. Ahora él es catedrático de Derecho Administrativo y ella profesora de Derecho internacional público, ha sido eurodiputada, y ahora Consejera diplomática del Presidente del Grupo Socialista del Parlamento Europeo. Entonces estábamos cada uno en nuestras batallas formativas (tesis, oposiciones universitarios, trabajos postdoctorales). En aquella sobremesa discutimos sobre monarquía o república. No nos poníamos de acuerdo (más bien discutían ellos dos), ni nos importaba no ponernos de acuerdo, pero todo se saldó con una frase de María, que nos pareció definitiva: "pero no me digáis que la palabra 'república' no es mucho más bonita que la palabra 'monarquía'". Discusión terminada: los tres de acuerdo, sobre todo por cómo María pronunciaba "república" (ojos abiertos mirando al horizonte y entereza)  y "monarquía" (cara arrugada y tono claudicante)

Muy pocas veces en mi vida he entrado a fondo en esta discusión. Debe ser porque no está entre mis prioridades. Y quizás no lo está porque pienso que la sustitución de un rey sometido al parlamento, por un presidente de la república también sujeto al parlamento tiene algunas diferencias, pero no demasiadas.

Franco ordenó la reinstauración de la monarquía en España. Es cierto. Pero también lo es que la monarquía que tenemos se pensó por otros.

El 27 de mayo de 1966, a las diez de la noche, en el domicilio de Joaquín Garrigues Walker, se celebró una cena a la que asistió el joven Don Juan Carlos junto a otras personalidades como Antonio Fontán, Alberto Ballarín, Barrera de Irimo, Jaime de Urquijo, Abelardo Algora, Fernández Novoa y otros. Eran gente no franquista que convivía sin problemas con el Régimen, bien instalados socialmente: profesionales liberales, banqueros, empresarios y catedráticos. En esa cena se habló del futuro de España, y en particular de hacia dónde habría de apuntarse para después de Franco. Es interesante comprobar que en realidad trazaron un boceto que luego habría de convertirse en Constitución. El objetivo era la conformación de un Estado de Derecho "con instituciones democráticas de tipo europeo y actual", con una ley electoral que asegurase una alternancia de dos grandes partidos (demócrata-cristiano y socialdemócrata), con algún otro "marginal o complementario". La monarquía se concebía como un modo de lograr la sucesión de un modelo de Estado a otro. Se dudaba sobre la medida en que el futuro rey habría de relacionarse con Franco, para lograr que ni fuera percibido como una continuación del Régimen ni tampoco como un factor de ruptura. Se discutió sobre si el método más conveniente sería un referéndum sobre la forma monárquica, o una reinstauración de hecho sometida a referéndum después de que el rey hubiese empatizado con el pueblo español. El Príncipe estuvo "espontáneo y prudente", habló con respeto del Jefe del Estado (Franco) y manifestó que el balance final del Régimen sería positivo.

Esta cena (cuya crónica, elaborada por el Servicio de Información de la Dirección General de Seguridad, consta en los archivos de la Fundación Francisco Franco) trazó un diseño del futuro de España promovido por sectores liberales de la sociedad española más demócrata que franquista, que incluía la monarquía como instrumento de transformación "controlada" del Estado.

Tres años después, mediante Ley Orgánica de 22 julio 1969, Franco designó al príncipe D. Juan Carlos como sucesor en la Jefatura del Estado, una vez producida su vacante, y en su artículo segundo se estableció la fórmula de juramento: "Juro lealtad a su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino". También se estableció cómo debía contestar el Presidente de las Cortes: "Si así lo hiciéreis, que Dios os lo premio; y si no, os lo demande".

Franco designó a Juan Carlos, pero no fue sólo él quien consiguió que fuese Rey. Lo fue, de hecho, no con arreglo a las previsiones de Franco, sino con las de quienes querían cambiar el Régimen por un Estado democrático constitucional. Es decir: un Jefe de Estado desprovisto de los poderes propios de dicha figura en un régimen autoritario, con traslado de la soberanía hacia las Cortes Generales.

La monarquía parlamentaria presenta la ventaja de que la máxima autoridad carece de poder, lo que a su vez hace que el presidente del Gobierno no sea la máxima autoridad. En un país como España con un sentido institucional manifiestamente mejorable, no es irrazonable (y menos lo era entonces) que esa máxima autoridad sin poder, simbólica, sea elegida dinástica y no plebiscitariamente: pocas personas entreveo que lograran mediante votación la condición de un Jefe del Estado no partidista, y si no hay poder, no es grave que no haya sufragio.

La república tiene, desde luego, una ventaja: sí, María tenía razón, la palabra "república" es mucho más bonita que la palabra "monarquía". Pero instaurar o reinstaurar la república no comportaría automáticamente ningún cambio relevante. Más importante que la conformación de la Jefatura del Estado (si se elige por dinastía pero no tiene poder, o si tiene poder y-entonces- se elige por votación) es trabajar la "lógica republicana". Y esa es tarea lenta. Hay mucho por hacer, que no requiere convulsiones con referéndum. La república que a mí me interesa de verdad es el cuidado de la cosa pública y su preservación de la lógica familiar (prebendas, favoritismos, estirpes),de la lógica  aristocrática (castas, consolidación de élites), de la lógica gremial (trabas, impermeabilidad social, corporativismos) y de la lógica confesional (cánones de pensamiento, falta de tolerancia, rechazo de la disidencia con resortes de poder). Esta es la "república" que falta en España. Más que sobrar un rey, falta una república.

De todo esto hablábamos bajo aquel árbol en París. No sabíamos que veintitrés años antes en una cena en casa de Garrigues Walker hubo una especie de conjura que pudo más que la voluntad de Franco. Hoy es 14 de abril. El presente siempre mira al pasado.

2 Respuestas

  1. Hoy es 15 de abril. Un día después del 14 de abril. Buen día para decirte con todo mi respeto que quien mira mal el pasado no solo tergiversa su presente, sino que mal futuro le aguarda. Y te diré por qué:

    TERGIVERSAS EL PRESENTE por cuanto:

    1º.- Ridiculizas injustamente el propio concepto de “república” cuando dices:

    a).- «… pienso que la sustitución de un rey sometido al parlamento, por un presidente de la república también sujeto al parlamento tiene algunas diferencias, pero no demasiadas.”»

    b).- «La república tiene, desde luego, una ventaja: sí, María tenía razón, la palabra “república” es mucho más bonita que la palabra “monarquía”. »

    c).- «Pero instaurar o reinstaurar la república no comportaría automáticamente ningún cambio relevante.»

    2º.- Te pronuncias sobre la «lógica republicana» con una ignorancia profunda de ambos términos «lógica» y «república» tanto en sus dimensiones de sentido común como técnico-jurídico cuando luego lo anudas a tus intereses evangélicos de cuidado de la cosa pública in vigilando de lógicas «familiares», «aristocráticas» y… «¡¡¡confesionales!!!»

    3º.- Extraña conclusión profundamente incongruente cuando dices que en España no sobra un Rey, pero falta refinamiento en tus tres lógicas supuestamente republicanas que ni son tres, ni son republicanas. No son tres porque no hay más estirpe, favoritismo y prebendas que en el concepto mismo de «casta» y «élite», y no digamos ya con el concepto de los cánones de parroquias confesionales. CONCLUSIÓN: Tus tres lógicas, sólo es una y que yo denomino como la lógica de lo conveniente.

    4º.- Consecuentemente digo TERGIVERSAS, porque un titulado universitario superior con oposiciones togadas, y años de desempeño, no puede confundir el pan con el vino llamando «lógica republicana» a la lógica del imperio del poder establecido –sea éste Dios o su porquero de oro–, de un monarca dinastico, aristócrata y confesional marca borbónica,

    5º.- No confundamos –ni por negligencia, ni a sabiendas–, el pan con el vino, porque siempre será más sano y loable llamar al pan; pan, y al vino; vino.

    6º.- Es preferible el silencio que faltarle el respeto a las cortes de Cádiz o a la república española del 14 de abril. El pasado hay que mirarlo siempre con respeto y lealtad porque el nos enseña de dónde viene el presente. Confundirlo y tergiversarlo es un pecado imperdonable que sólo multiplica la ignorancia.

    MULTIPLICAS LA IGNORANCIA por cuanto:

    1º.- La estructura de tu relato es tan evangélica que reproduce miméticamente el pasaje bíblico de la Santa Cena. Supongo que en esas fechas no estarías invitado a la cena así que entiendo que reproduces la crónica del judas que describe con tanto detalle el reparto del cuerpo y la sangre del régimen de Franco… No puedo, por menos, que pensar que sería algún gallego radiactivo de Palomares… puesto que Garrigues es más de la cuerda de Santo Tomás ya que se le conoce su afición por manosear toda clase de pasta… Y la figura del Dios hijo queda claramente dibujada en el cachondo de Juanito.

    2º.- Pero lo que me sorprende sobremanera es tu manejo de fuentes tan evangélicas de la epifanía borbónica… máxime habiendo aprendido derecho del francés; el príncipe del Estado de Conveniencia por antonomasia… puesto que desde el Derecho Napoleónico hasta Macrón la afición favorita del francés sigue siendo el Imperio Colonial decimonónico … Así, si el americano exporta la democracia con los tomahawk de control remoto, el francés exporta la república con su amplia gama de guillotinas portátiles…

    3º.- Coincido contigo en tu diagnóstico de que el mal de la judicatura española hay que fijarlo en el sistema de oposiciones leoninas a la nómina togada, pero el caso Cifuentes nos muestra que ese diagnóstico hay que ampliarlo al propio sistema universitario que ni siquiera os enseña a distinguir la república de todas las variantes de la plutocracia: monárquicas o dictatoriales.

    4º.- Pero, a mayor detalle, parece que en tu relato no se distingue bien el fundamento esencial por el que el Estado de Derecho se diferencia tajantemente de las distintas variantes jurídicas de los sistemas plutocráticos. Y exhibes la constitución como el nazareno lleva la Cruz de Guía o el libro santo en la cabeza de la procesión, como una cuestión y estandarte de FE…!!!

    5º.- Sin embargo el Derecho nunca se ha concebido por el pueblo como una cuestión de FE… Así la historia nos muestra que el Derecho Romano responde a la lógica del Imperio Romano; La patria potestad, y la propiedad.

    6º.- Asimismo la historia nos muestra que el asesino más bestia del siglo XII –famoso ya en su tiempo por teñir de sangre los ríos exterminando los pueblos que arrasaba, y hoy descrito como el padre de Europa, el entonces Rey de los Lombardos, Carolus Magnus–, y el ignorante que no sabía escribir pero que soñaba con las maravillas del “Derecho Romano”, fue el que recató en la Europa medieval el culto a los incomprendidos textos del código del viejo Imperio de Roma.

    7º.- También la historia nos muestra que siglos después el cabo chusquero Napoleón Bonaparte empezó innovando la artillería matando –de a cienes y cienes–, a los del gorro frigio de Lyon con el cañón lleno de clavos. Por aquel entonces no se conocían las armas químicas pero los plutócratas si se manejaban ya con la ferretería contra los republicanos. Así Napoleón llegó a Emperador y fundó el Imperio Francés con el “código napoleónico” que actualizó la propiedad privad privada del feudalismo merovingio modernizándola con la idea del Imperio colonial extractivo. Fue el fin del colonialismo evangélico español ya decadente por la corrupción y la mala administración. Lo cuenta bien un pequeño libro de Manuel Romero Tallafigo publicado en 2013 por la Fundación Corporación Tecnológica de Andalucía (EL ARCHIVO DE INDIAS: GESTIÓN INNOVADORA EN UN MUNDO ATLÁNTICO).

    8º.- El Estado de Derecho es una adaptación moderna del más antiguo fundamento republicano consistente en limitar la arbitrariedad en todas las esquinas de la convivencia social. Esa es la piedra angular del republicanismo desde Aristóteles hasta nuestros días. Y ese es el fundamento esencial del Estado de Derecho y de todo ordenamiento jurídico racional donde las Leyes cumplen la función de acotar la arbitrariedad en términos de igualdad entre las partes. Todo lo demás son florituras que buscan concretar ese principio en el máximo de circunstancias concretas posibles. Y esa es la esencia fundamental que diferencia TAJANTEMENTE la república de la monarquía, con o sin parlamento, y tengan estos leones de bronce o jarrones chinos en sus puertas.

    9º.- Todo sistema plutocrático –monarquía incluida–, quebranta el principio de interdicción de la arbitrariedad en la «cosa pública», con independencia de las lógicas que quieras “vigilar”. A partir de ahí, todo principio de soberanismo –basado en convicciones arbitrarias, o en revelaciones divinas–, sea togado, clerical o militar, establece una arbitrariedad privilegiada que jamás podrá asumirse como republicana.

    10º.- El principio de objetividad del republicano se fundamenta en el imperio de lo real; nunca en la supremacía del relato de FE. El republicano es científico, el monárquico –en cualquiera de sus variantes plutocráticas–, es siempre clerical de parroquia; sea esta parlamentaria o dictatorial.

    Está caro que ni la historia, ni la lógica, ni el pensamiento crítico forman parte del Plan de Estudios de la Licenciatura de Derecho, ni tampoco del temario de oposiciones a la judicatura…

    ¡Y sin embargo el juez; JUZGA…! …¡ARBITRARIAMENTE!…

    Sabes bien que nuestro derecho no limita por igual la arbitrariedad; simplemente la estructura verticalmente conforme convenga el relato.

    Y ¿quién controla efectivamente el relato?…

    Eso es otra historia de la que tú debes saber infinitamente más que yo!!!!!

    ¡¡¡Eppur si muove!!!

    Mi mayor respeto y admiración al 14 de Abril, y a las Cortes de Cádiz.

  2. El republicano antimonárquico Yordi Sánchez, hijo y nieto de Camborios, siguiendo instrucciones de un Letrado senegalés experto en defensa jurídica con la mirada del reo, miró a los ojos al Magistrado Llarena, pero lo miró, según las crónicas de prensa uniformes, de una manera especial, es decir, no solamente ejecutó aquello de mirar mirando, sino que lo miró a la retina muy fijamente, muy concienzudamente, para transmitirle a Llarena el mensaje legal de que era juez y víctima al mismo tiempo.

    Por su parte, Javier Pérez Royo, Catedrático de Derecho Constitucional, en un artículo titulado “ Una Querella Imprescindible “ ( Eldiario.es), afirmó que hay que ponerle una querella por prevaricación al Juez Llarena, por perjudicar al republicano Jordi Sánchez, puesto que “ de 54 páginas “ que contenía el Auto del Juez, no identificó ni una sola norma en la que descansara la prohibición de permitir a Jordi Sánchez que acudiera la sesión de investidura. El Juez no citó ninguna ley en la que justificara su Auto y, por tanto, prevaricó. “Si no puede acreditar que está aplicando la ley “ (sic), eso es prevaricación.

    Este Catedrático es conocido por aplicar a cada instante vital la superestructura de la Constitución, de manera que a los taxistas les dice que se abstengan de propagar su domicilio en virtud del derecho a la intimidad personal , y a las cajeras del Pryca les dice que se abstengan de comentar que ha comprado jabón y pasta de dientes, pues ello perjudicaría su derecho a la propia imagen.

    Me tengo que retener muy mucho para no expresar la opinión que me merece el artículo de este Catedrático ( su hermano me dió clase en la Universidad de Sevilla de Derecho Tributario y era más competente ), y no puedo rebatirlo a través de Eldiario.es, porque me exigen que previamente me haga socio, que les haga una donación de 50. 000 euros pro libertad de expresión asegurada, que me afilie a Podemos y que firme un Acta notarial renunciando a criticar a Ada Colau, a José Antonio (a) “Pepe” Griñán, y que me comprometa a difundir el latiguillo de que la política no puede judicializarse y de que Rajoy es un plasmático visceral.

    Una cosa es que un Juez, por olvido o por falta de rigor, no cite la norma legal EXISTENTE y específica en la que fundamenta su resolución, y otra es que NO EXISTA norma legal que ampare esa resolución. Llarena negó a Jordi Camborio la posibilidad de asistir a su investidura por estimar riesgo de reiteración delictiva, y ese riesgo lo ha razonado con citas legales y jurisprudenciales en todos los autos que ha dictado para tal individuo. La afirmación de que Llanera no ha “identificado” la norma específica y literal que autorizara la prohibición de asistir a la investidura me parece una majadería de tal calibre que sólo puede entenderse en términos políticos y, por tanto, es inmoral al invocarla el Catedrático para fundamentar una querella por prevaricación.

    Está esto de basura hasta las cachas, y menos mal que hoy hemos conocido el Auto del Supremo ratificando la decisión de Llarena e instruyendo a los alemanes.

    Fatal todo esto.

    ¡ Viva la República monarquizante ¡

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