Perros.

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Aúlla "Fuego", el perro de abajo. "Bribón", el nuestro, levanta las orejas. Pero sólo un instante. Luego se olvida, hasta que "Fuego" aúlla otra vez. Son las cosas de los perros, que aprenden en corto, aunque para siempre. Como acostarse donde siempre, comer donde siempre, enroscarse en el rincón de siempre y aprender mediante la repetición: "Bribón" sabe si es lunes o jueves por el ritmo de la casa: si a primera hora hay salida con chaqueta y mochilas o no, si por la tarde se vuelve o no con las bolsas de la compra, si después de comer salen o no con libros de inglés. Lo sabe. Sabe qué día es. Y quizás el mes. El año, no: no tiene crisis de edad porque no sabe que algún día morirá. Es ateo, creo.

Si alguien lo llama a ciertas horas, empieza a correr de un lado para otro, porque sabe que es hora de salir a dominar la calle. Durante horas ha estado vigilando cómo otros han marcado sus esquinas, y espera su momento. Corre detrás de su hocico, se para en seco, levanta la pata, gruñe a veces. Otea: quizás se ha movido un gato. Luego sigue su recorrido, y sabe qué perros ladran detrás de qué portones. Siempre los mismos. Se gritan, se insultan, se retan: "ahora mando yo, y meo donde quiera", parece decirles. Hasta que los papeles se invierten: él dentro, y el otro meando. Uno y otro día disputándose el territorio. Ahora mío, ahora tuyo, ahora mío, ahora tuyo. No saben ponerse de acuerdo, firmar un tratado de paz, organizarse, unir fuerzas. Ganan y pierden incesantemente, nunca el empate. En la última curva, se resiste. Fija las cuatro patas en el suelo y contrae el cuerpo para oponer resistencia a la cadena. Son sólo dos segundos, y es por costumbre y por si acaso, quizás porque alguna vez ha ganado y el paseo se ha prolongado, y por eso siempre prueba: más irracional es comprar un billete de la lotería de navidad. Tampoco le importa perder y seguir camino, porque al volver a casa hay premio. Va directo a la cocina. Se sienta delante del frigorífico. Sabe que allí hay algo para él.

Como los viejos, se aferra a sus rutinas. Es metódico. Mucho más que yo. Desaprueba que tardemos en acostarnos. A veces se levanta de su manta, viene a verme, y me dice que ya está bien, que a la cama. Yo creo que quiere que todos durmamos para hacer su trabajo. Cuando ve que desaparecemos, él se hace dueño, y vigila. Da igual que nada se mueva, lo suyo es vigilar. Y hacer rondas, seguro. Creo que inspecciona si estamos durmiendo, y se tranquiliza si todo está en regla. Es un profesional.

Y si ve una maleta, sabe que toca meterse en el maletero y aparecer en Úbeda. "Bribón" sabe todo lo que tiene saber, y por eso no se le ve preocupado. No tiene que tomar decisiones. Sólo vigilar, como si estuviera contratado en precario, defender su pienso de los pájaros, estar alerta si aúlla "Fuego" y marcar incesantemente el territorio. Cosas de perros.

1 Respuesta

  1. DIA 9

    ¡Ay! Miguel en día de Domingo de guardar y orar me resulta incongruente que llames “bribón'” a un semoviente tan ordenado y ritual que pasaría por ciudadano ideal de no ser por el rabo que le delata como irracional a pesar de sus sólidas convicciones…¡Qué injusticia!…

    Deberíamos reformar decididamente la Constitución para incluir esta ciudadanía tan obediente y servicial…

    No estoy de acuerdo con tu juicio sobre el ateísmo de bribón… Está clara su sólida creencia en su Señor… Sin duda alguna…

    Los ateos son los chuchos salvajes que no sirven a señor alguno y muerden y mean sin orden ni concierto, y con anarquía absoluta sin esperar nada a cambio…

    Tu bribón, por el contrario, es tan creyente que roza la santidad más pura que feligrés alguno pueda alcanzar…

    Deberías hacerle justicia… Premiando su fe.

    Siempre en Domingo…

    Buen día!

    Saludos

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