Lumbalgia

Felices días en los que no es un problema atarse los cordones de los zapatos, levantarse de la cama o estornudar. Un golpe de lumbalgia te altera la agenda. Tienes que cancelar citas, posponer tareas (con cierta dificultad, porque no te apetece nada marcar los números del teléfono), porque lo más probable es que durante unos días  pases las horas haciendo movimientos lentos, caminando despacio por el pasillo con las manos agarrándote por detrás, mirando en los espejos el careto contrahecho que se te ha quedado, aplicándote el calentador hasta casi quemarte la piel, sentándote para conseguir un momento de alivio pero levantándote pronto porque ya te sientes alcayata otra vez, esperando la hora para tomar el siguiente analgésico y defendiéndote de cualquier torsión, estornudo o movimiento reflejo brusco que se convierta en un latigazo trasero, como una sacudida eléctrica que no acabas de saber ni en qué consiste ni a qué se debe.

Demasiadas horas por delante, pero no es fácil ver la televisión, ni leer un libro, ni rendirte a un sueño de sofá, porque la posición cómoda no existe. Todas tus neuronas parecen concentradas en esa parte de tu cuerpo que de pronto se queda tan inestable y frágil. Tampoco es fácil pedir ayuda: sí, puedes pedir que te cojan algo que está en el suelo, o que te busquen algo que no encuentras a la primera, pero en general te enfrentas tú solo a una sucesión de pequeños retos para los que no quieres testigos, como ponerte un calcetín, toser agarrado a algo firme para minimizar el impacto sobre esa espalda de arenas movedizas, o acercarte la silla hacia la mesa de comer o del ordenador. Ni se te ocurre ir a un médico: primero, porque ya te han dicho que los médicos tienen poco que hacer además de decirte lo que más o menos ya sabes, y segundo porque requiere tanta energía como subir al Everest: vestirte decentemente, pedir un taxi, introducirte en él, bajarte de él y pasar unas cuantas horas en el servicio de urgencias y salir con un diagnóstico que ya sabías: "lumbalgia inespecífica". Así que confías en que se trata "solo" de paciencia, de alcanzar ese día en el que ya sí notas clara mejoría y empiezas a recuperar con normalidad tus movimientos de siempre.

Bendito el silencio del cuerpo, al que llaman "salud". Bendito el vasto número de días en los que tú estás en el lado de la salud: te apartas solidariamente para que avance la ambulancia de otro, pasas por delante de un hospital sobre se amontonan los trastornos o simplemente caminas por una calle sin darte cuenta de que alguien, desde la ventana de uno de los edificios, te mira y te envidia por algo tan maravilloso como cruzar un semáforo o entrar en una papelería a comprar un paquete de folios.

Justo es, o más bien inevitable, que un puñado de días por año seas tú el que está en la ventana.

 

2 Respuestas

  1. Yo sufrí una ciática en el aeropuerto de Estocolmo tras pasar el control de la maleta de cabina… vi el firmamento de Estocolmo a Madrid y luego en AVE hasta mi cama desde donde no salí en un mes dando vueltas buscando la postura mágica… que nunca encontré…

    Ni siquiera se me ocururrió pensar… jajaja

    Así que tu estás de gloria!!!

    Un abrazo y cuidate !!!

  2. Miguel, para la lumbalgia yo uso Voltadol Forte, y me va muy bien.

    Pero tú sabes que las multinasionales manejan el mercado de la sanidá y cada día emiten juisios si estudios manipulados si contradistorios para ganar dinero. El café era malísimo para el corasón y ahora resurta que es buenísimo para las taquicardias, la leshe que mamaron.

    Entonses, según un estudio de la Universidad de Oklahoma ( 3.000 pasientes mayores de 50 años, siegos de nasimiento y partidarios de Nancy Reagan ) , la lumbalgia se cura:

    – No leas el ABC.

    -duerme sobre el costado deresho.

    -compra cupones de ciegos ONCE los martes si jueves, nunca el viernes.

    – El amor debe haserse oyendo a Oriol Junqueras y de cúbito supino.

    Por su parte, un estudio de la Universidá de Minessota ( 2.000 pasientes de 55 años, cojos del pie deresho, ambidextros y partidarios de las Repúblicas simbólicas ), la lumbalgia se cura:

    – Lee el ABC.

    – Compra pescado fresco en IKEA, no en Macdonals.

    – Entrega una limosna para el culto ( que es sel párroco ).

    – Piensa, luego existes.

    Salud, icono nuestro.

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