Contra la ‘reforma Sánchez’ del CGPJ.

Escribo esto con cierta desazón.

Si es burda la "excusa Podemos" esgrimida por Casado para vetar la necesaria renovación del Consejo General del Poder Judicial en un claro intento de conservar una mayoría de vocales que resultó de la Legislatura en que tuvo mayoría absoluta, la respuesta de Sánchez (que hoy anuncian los periódicos), suprimiendo la necesidad de un consenso amplio (3/5) para que baste la mayoría que calcula que puede alcanzar es un error de mayores dimensiones.

Es imposible no acordarse de lo que sucedió con la normativa sobre el nombramiento del director o presidente de RTVE. Tras la terrible experiencia de la RTVE aznarista de los Urdaci, Dávila, Sáenz de Buruaga, etc, Zapatero dio un paso en la mejor dirección: reformó el sistema de nombramiento del director o presidente del ente RTVE, exigiendo un consenso de 2/3 partes para imposibilitar la elección de un perfil claramente partidista, al servicio de la coyuntural mayoría gubernamental. Esa reforma fue aplaudida por muchos. Pero Rajoy, al comprobar que ninguno de los candidatos que a él le gustaban concitaba el consenso de 2/3 de la Cámara, acometió una vergonzosa contrarreforma: volvió (con alguna modificación) al sistema anterior; tenía mayoría absoluta, suficiente para cambiar la ley, y fijó el listón en... la mayoría absoluta. Es decir, cambió la ley para elegir a un director de RTVE sin necesidad de consenso con la oposición. Se llevó su merecida crítica: una mayoría absoluta no puede modificar una norma que establece una cualificada, sin exponerse con toda justicia al reproche de ventajismo. Parece bien claro.

No hay que explicar mucho más para criticar contundentemente la iniciativa de Sánchez. El CGPJ no es menos importante que RTVE. Si lo que hizo Rajoy estuvo mal, está mal lo que pretende Sánchez. Él invocará que, ante la (indudable) actitud obstruccionista del PP, sólo pretende cumplir el imperativo constitucional de renovar el CGPJ. Pero esa excusa sólo sería atendible si no hubiera otro medio de desbloqueo posible. Pero sí los hay, y como los hay, la propuesta de Sánchez puede interpretarse como una perversa utilización de una mayoría coyuntural para alterar las reglas de juego en provecho propio.

Claro que habría otras fórmulas de desbloqueo puntual. Si pasaran necesariamente por una reforma de la ley, el bloqueo podría superarse bien pronto atribuyendo la elección de los vocales judiciales a los propios jueces. Ya he dicho muchas veces que no soy fanático de esa elección corporativa, por la mediación inevitable de las asociaciones judiciales, que a efectos de sindicación de voto y pulsión por controlar el órgano no son mejores que los partidos. Pero desde luego sería una propuesta mucho más presentable que la de exigir una mera mayoría absoluta cuando para el resto de vocales no judiciales el art. 122.3 de la constitución exige una mayoría de 3/5. ¿Qué argumento podría justificar que los doce vocales cuya designación no corresponde necesariamente al Parlamento (la constitución remite esta cuestión a una ley orgánica, permitiendo por tanto cualquier otro modo de elección) los elija el Parlamento por una mayoría inferior a la que la constitución exige para los otros ocho? Una ley orgánica estaría convirtiendo en absurda una norma de la constitución, y ello, a mi juicio, es un argumento suficiente para calificar esa ley orgánica de inconstitucional

No es una cuestión menor. Permítanme acudir al argumento del que ya he abusado en otros debates: imagine que el partido que más miedo le dé, el que piense más peligroso para España, el que menos le guste de todos, alcanzase mayoría absoluta (con capacidad, por tanto, para cambiar una ley orgánica); supongamos que ha decidido controlar el poder judicial para condicionar los nombramientos de puestos judiciales discrecionales, los expedientes disciplinarios, etc., y lleva a cabo la reforma que pretende Sánchez. Para disimular, podría justificarla en que los candidatos que ha propuesto (supongamos que para la oposición son "impresentables") son vetados, lo que impide la renovación del órgano. ¿Qué diríamos, entonces? Y ¿qué diferencia hay entre eso y lo que pretende Sánchez? ¿Basta, para los socialistas, con pensar que Sánchez tiene buenas intenciones?

Pese a haberla anunciado, Sánchez puede todavía rectificar. Si quiere desbloquear, si quiere dejar en evidencia la desde luego indefendible actitud de veto del PP, que proponga cualquier método de designación de los vocales que no le otorgue "longa manu" en el control de la Justicia. Las sospechas serían indicios, por no decir pruebas evidentes. Yo le sugeriría, como vengo haciendo desde hace tiempo, un método de rápido desbloqueo, nada sospechoso, y perfectamente constitucional, que podría sanear el Consejo: una designación por sorteo entre los candidatos que se presenten al cargo y superen los requisitos que en general se establezcan. No es improbable que resultase suficientemente plural, y sobre todo se acabaría la sospecha de colonización del CGPJ por los partidos políticos.

Por otro lado, la regla de los 3/5 seguirá vigente para los ocho vocales no judiciales, porque así lo impone la Constitución. Con lo que el PP tendrá aún más argumentos para no consensuar esos ocho vocales no judiciales. La renovación, pues, sería sólo parcial. ¿De verdad tiene sentido el "apaño Sánchez" con el enorme coste de legitimidad que va a suponer? Sólo una cosa, terrible, lo justificaría: que fuera realmente importante controlar desde fuera al Consejo. A ver si va a ser por eso por lo que el PP no quiere soltar la mano, y Sánchez quiere meterla.

La constitución del 78 no es perfecta. La hora de reformarla va llegando, inexorable. Podría no ser así, si la práctica constitucional hubiese mejorado el texto inicial. Pero justamente una de las principales razones que empujan a favor de su reforma es el lento proceso de degradación a que la han sometido el PSOE y el PP a través de prácticas formalmente constitucionales que han ido debilitando su entereza como factor de equilibrio y limpieza en el juego de los tres poderes. Entre ambos han venido empequeñeciendo la constitución. El "régimen del 78" es peor, menos ambicioso, hoy que entonces. El poder constituido no suele estar a la altura del poder constituyente.

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